Cada vez más chicos y adolescentes tienen su primer contacto con internet antes de los 10 años, y la mayoría de los padres no recibió ninguna guía sobre cómo acompañar ese proceso. No es un problema de "prohibir la tecnología": es entender los riesgos concretos —grooming, ciberbullying, exposición de datos y sharenting— y armar, en familia, reglas claras para reducirlos.
Grooming: el riesgo que menos se habla en casa
El grooming es el conjunto de conductas que un adulto despliega para ganarse la confianza de un niño, niña o adolescente por medios digitales, con el objetivo de abusar sexualmente de él. En Argentina está tipificado como delito desde 2013 (Ley 26.904), con penas de seis meses a cuatro años de prisión por el solo hecho de contactar a un menor con esa intención, aunque el abuso no se concrete.
- Suele empezar con contacto en juegos online, redes sociales o apps de mensajería, muchas veces con perfiles falsos.
- El groomer avanza gradualmente: generar confianza, aislar al chico de otros vínculos, pedir fotos o videos, y luego coaccionar con esas imágenes.
- La señal de alarma más clara es el secretismo: pedirle al chico que no le cuente a sus padres sobre la conversación.
Ciberbullying: el acoso que no termina al salir de la escuela
El ciberbullying es el hostigamiento sistemático entre pares a través de medios digitales: mensajes ofensivos, exclusión de grupos, difusión de rumores o imágenes vergonzantes. A diferencia del bullying tradicional, no tiene horario ni límite físico: sigue al chico a su casa, a su teléfono, a cualquier hora.
La Ley "Mica Ortega" (27.590) creó en Argentina el Programa Nacional de Prevención y Concientización del Grooming o Ciberacoso contra Niñas, Niños y Adolescentes, que exige a las escuelas contar con protocolos de actuación. Vale la pena preguntar directamente en el colegio de tus hijos si ese protocolo existe y en qué consiste.
Señales para estar atentos
- Cambios bruscos de humor después de usar el celular o la computadora.
- Evitar la escuela o actividades sociales sin motivo aparente.
- Cerrar pantallas de golpe cuando un adulto se acerca.
- Bajón repentino en el rendimiento escolar.
Sharenting: el riesgo que generamos los adultos
El "sharenting" (share + parenting) es la práctica de publicar de forma habitual fotos, videos y datos de los hijos en las redes sociales de los padres. Es un riesgo menos discutido, pero no menor: cada publicación construye una huella digital que el chico no eligió y que puede incluir datos de ubicación, rutina escolar o información que facilita la identificación y el contacto por parte de terceros.
| Riesgo | Por qué importa |
|---|---|
| Geolocalización | Fotos con metadatos o fondos reconocibles revelan dónde vive o estudia el chico |
| Uso indebido de imágenes | Fotos públicas pueden ser descargadas, editadas o reutilizadas sin control |
| Huella digital no consentida | El chico crece con un historial online que no decidió y que puede seguirlo años después |
| Datos de rutina | Publicar horarios de escuela o actividades facilita la identificación de patrones |
No se trata de dejar de compartir momentos familiares, sino de tomar decisiones conscientes: configurar la privacidad de las cuentas, evitar datos que identifiquen ubicación o escuela, y —a partir de cierta edad— preguntarle al propio chico si está de acuerdo con que esa foto se publique.
Marco legal en Argentina: qué existe y qué está cambiando
Además de la Ley 26.904 (grooming) y la Ley Mica Ortega (27.590), distintas organizaciones —entre ellas Ley Olimpia Argentina, Gentic, Faro Digital y Defensoras Digitales México, junto a legisladoras nacionales— impulsan iniciativas como la Guía Ema, orientada a que escuelas, docentes y familias sepan actuar frente a casos de violencia digital: sextorsión, deepfakes, grooming y ciberflashing. Conocer estas herramientas —y saber que existe la Línea 137 para denunciar situaciones de emergencia— es parte de estar preparados como familia.
Qué podés hacer hoy
- Configurar en privado las cuentas de tus hijos y revisar esa configuración periódicamente.
- Establecer en familia un "contrato digital": qué apps se usan, qué información no se comparte y qué hacer si algo incomoda.
- Hablar explícitamente de grooming y ciberbullying, sin dramatizar pero sin minimizar.
- Aplicar el mismo criterio de privacidad a lo que vos publicás sobre ellos.
- Saber a dónde recurrir (Línea 137, protocolo escolar, fiscalía especializada) antes de que haga falta.
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